Borrador de Hikari: no tocar excepto Hikari.

— ¿Cómo va el informe de SCP-ES-XXX? — preguntó Andrew Mordrake, el investigador general del Sitio-23. Se encontraba en su oficina, bebiendo una taza de café a la vez que hablaba por videoconferencia con uno de los doctores a cargo del proyecto «ES-XXX».
— Estoy reuniendo bastante información; sólo espero que pueda contenerlo un poco más — dijo aquel doctor, mientras se ocultaba en el anonimato. Aquel proyecto era muy importante; el primer proyecto a cargo del Sector Uruguayo del Sitio 34. No querían cometer ningún fallo. Así que, después de una corta y amarga charla, la videoconferencia terminó. Andrew suspiró, preguntándose si estaba bien que le dejen un trabajo tan importante a un sector tan pequeño como el de Uruguay.
— Debimos traerlo a Nueva York… — murmuró, arrepentido. El sector uruguayo era reciente, con no más de tres años de haber sido fundado; sus trabajadores no tenían tanta experiencia. Pero, debido a que el nacimiento de SCP-ES-XXX tenía origen allí, se pidió no trasladarlo y dejar que el sector uruguayo se encargue de eso. No podría saber con certeza si iba a fallar o no…


Protagonistas:

IA es Chloe Rodríguez

Ryan Gossling es Dr. Carlos Rodríguez

Dr Valeker es Basilik Russ

Andrés2055 es Andrew Mondrake


También participan:
Hikari Takahashi es Romina
Lily Rabe es Prof. Andrea Puentes

Chloe se encontraba en el liceo. Estaban dando clases de Biología, y ella dibujaba en su cuaderno. Romina, su mejor amiga, estaba a su lado, prestando atención a las cosas que decía la profesora: biomoléculas.
— ¿Todos entendieron? — preguntó la profesora Andrea Puentes. Todos los alumnos asintieron, algunos algo desanimados.
— Ah, las últimas horas son las peores… — mencionó Romina, por lo bajo. Chloe la observó con ojos que denotaban aburrimiento. Cansada, levantó la mano.
— ¿Eh? ¿qué pasa, señorita Rodríguez? — le preguntó la profesora, confundida.
— Oiga… ¿cree que existen más seres vivos aparte de los que ya conocemos? — preguntó. Sus compañeros comenzaron a murmurar, como era usual.
— Ya tenía que hablar la Chloe — dijo uno de ellos, de forma sarcástica.
La profesora asintió firmemente: — estoy segura de ello, y quiero estudiarlos cuando se descubran — dijo, sonriendo amablemente como solía hacer. — Bien, antes de que toque el timbre: ¡deberes! — anunció. La clase gritó desanimada, como era usual.
Finalmente, el timbre sonó y, después de copiar los deberes, Chloe salió de la clase acompañada de su amiga. Ambas bajaron en silencio las escaleras, siendo rodeadas por los demás estudiantes que también salían. Una vez salieron a fuera del liceo, y los alumnos se dispersaron hacia la parada del ómnibus:
— Yo realmente creo que… hay cosas ocultas en este mundo; cosas que no podemos ver, o que pocos pueden ver… — dijo Romina, observando al cielo. Chloe se limitó a mirarla, pues ya sabía cómo solía ser ella. — Bueno, si no nos apuramos vamos a perder el bondi; o, peor aún, ir apretadas por culpa de la cantidad de giles que suben a él — mencionó. Rápidamente ambas fueron a la parada. — Bueno, espero que el tipo que me aprete sea un potro divino… — dijo, mientras esperaban el ómnibus.
— ¡Dejáte de ser tan trola, por favor! — replicó Chloe, fingiendo estar enojada.
Entre bromas y risas, el ómnibus llegó, y ambas lo tomaron. No iba a ser un viaje corto, pues vivían bastante lejos del liceo; dos ómnibus tenían que tomarse.

Ya había pasado alrededor de una hora, y ella ya se encontraba cerca de su casa. El cielo se mostraba con un hermoso atardecer, mientras Chloe se encontraba mirando por la ventana del ómnibus. Recién venía del liceo, y estaba totalmente cansada; no físicamente, sino más bien mentalmente. Ella era una chica totalmente normal: iba al liceo, tenía amigos, era estudiosa; nada especial. Se podría suponer que, lo único interesante de ella, era su padre: un doctor que trabaja en una clínica pequeña en el centro. Por esta razón, no solía estar mucho en casa, así que Chloe tenía que sobrevivir sola, aunque sus vecinos solían darle una mano. Pero hoy era diferente: su padre salía temprano del trabajo, y podía venir a casa a cenar.
— Ah, puta madre… — Chloe suspiró, deseando llegar a su casa de una vez. Vivía bastante lejos del liceo al que iba; tenía que tomarse como tres ómnibus. La razón de esto: es el único liceo cercano en el cual hay ciclo de bachillerato. Ella estaba en cuarto de liceo, con dieciséis años. Había repetido tercero debido a algunos problemas, pero para su suerte, pudo retomar los estudios. — ¡La concha de la lora! — exclamó por lo bajo, al darse cuenta de que, al estar concentrada en sus pensamientos, ya estaba demasiado cerca de la parada en donde se bajaba. Por suerte, el chofer se detuvo, y ella pudo bajarse. Ahora, tocaba caminar un rato por la colina hasta llegar a su casa. No era muy lejos, pero era cansador.
Finalmente, y sin saber cómo, llegó a la puerta de su casa. La abrió, y observó el comedor. La casa no era muy grande: la puerta de entrada llevaba al comedor, el cual conectaba con la cocina; los dos cuartos, el de Chloe y el de su padre; el baño; la habitación de los invitados y poco más. El comedor era bastante amplio: en un lado estaba la mesa para las comidas, en el otro el sillón junto al televisor; además de eso, algunos armarios llenos de platos y cubiertos, y cuadros decoraban el resto. Era bastante sencillo, pero para dos personas bastaba. Chloe dejó su mochila en el sillón; y, mientras gritaba como si fuese un zombi, se dispuso a ir al baño para tomarse una refrescante ducha.
Cuando salió, ya estaba vestida: un pantalón pijama y una camisa de manga corta. Decidió ir a la cocina y preparar la cena, pues ya eran las 9:22 y su padre llegaría pronto. Estaba tan ansiosa; quería tener una cena en compañía de su padre. Mientras preparaba algo de lo que sabía hacer, le mandó un mensaje a su padre para avisarle que ya estaba en casa; le solía avisar dónde estaba o qué hacía, así no se preocupaba y podían mantener el contacto.
El tiempo pasó, y Chloe finalmente terminó de cocinar: un rico arroz con tuco. Doña Marta, la antigua vecina, le había enseñado a cocinar algunas cosas, para así no tener que comprar comida hecha en el supermercado o pedir un repartidor. Al notar que su padre aún no llegaba, y siendo que ya eran las 10:47, decidió preparar la mesa para que ambos puedan comer juntos. Estaba algo preocupada, pues su padre prometió llegar listo para la cena.
— ¿Dónde estará?… — se preguntó, algo triste. No quería pensar que su padre había roto su promesa. Cuando terminó de arreglar la mesa, su padre todavía no había llegado; ya eran las 11:00, y no había rastro de él. Cansada, y con hambre, decidió empezar a comer ella sola, mientras revisaba su celular y veía algún vídeo en Youtube.
Pasaron las horas, hasta que sintió que alguien movía la puerta: era su padre, quien finalmente había regresado. Entró lentamente por la puerta, mientras Chloe lo observaba sorprendida. Lucía extrañamente cansado, como si hubiese hecho cosas muy difíciles.
— Al fin llegaste… — dijo Chloe, mostrando una sonrisa débil. Se sentía aliviada, pero a la vez preocupada. ¿Por qué se tardó tanto?… Era una pregunta que formulaba en su cabeza.
— Lo siento; tuve algunos problemas… — explicó, preocupado y nervioso. Chloe decidió dejarlo pasar:
— Dale, bañáte y vení a comer — le ordenó, — lamento haber comido antes… — se disculpó, sonriendo de forma insegura. Su padre sonrió, y fue hacia el baño, no sin antes dejar sus cosas en el sofá, junto a la mochila. Chloe se quedó esperándolo, mientras revisaba su celular. Suspiró, preguntándose otra vez la razón de su tardanza. Observó la maleta que se encontraba junto a su mochila; era la maleta del trabajo de su padre, y nunca podía ver lo que llevaba dentro. Tal vez eran registros de pacientes o algo así, pero siempre estaban en un lugar seguro el cual que imposibilitaba el ver su contenido. Aprovechando la oportunidad, Chloe se acercó a la maleta. La curiosidad la carcomía, a la vez que escucha el agua de la ducha caer. — Sólo será una miradita y todo regresará a su orden… — se dijo a sí misma, tomando las fuerzas suficientes para saber qué contenía esa misteriosa maleta. Observó el botón para abrirla, y lo apretó: una vez abierto, encontró varios papeles, similares a archivos científicos; la mayoría poseía las letras «SCP» en grande. Agarró uno de esos papeles, preguntándose qué eran. El que agarró, tenía «SCP-ES-028 "¡Ortografía y Gramática Divertidas del Dr. Wondertainment!"» como título, y varios informes sobre lo que se trataba: parecía ser una especie de libro, el cual causaba unos extraños efectos en aquellos que lo leían. Era algo muy raro, casi sacado de un artículo en broma de Internet. Decidió dejarlo donde estaba, y observó otro papel el cual captó su atención: «SCP-ES-XXX "Chloe"» era su título. Sorprendida al leer su nombre, rápidamente lo tomó y leyó su contenido:
«Fecha: 31/3/2017. Chloe es una niña hermosa; sus ojos brillan llenos de esperanza y yo, como su padre, deseo lo mejor para ella. No quiero que posea contacto alguno con la Fundación, pero es mi deber. Aún no sé si desarrolló algún otra habilidad, pero estaré creando informes más a menudo. Su habilidad de desarrollar un vínculo emocional con los SCP de la categoría Keter será muy útil en el futuro, cuando se una a la Fundación SCP; eso ya está decidido. Por ahora, prometí llegar para la cena; aprendió a cocinar, y lo hace bastante bien. Sobre su desarrollo psicológico: se está desarrollando como una adolescente normal, nada más que agregar. Fin del informe.»
— ¿Qué?… — estaba completamente sorprendida ante lo que acaba de leer; no sabía cómo asimilarlo. — ¿Es… es acaso una broma?… — se preguntó, nerviosa e insegura, — la fecha… — volvió a observar la fecha, sorprendida al encontrarse con que era del mismo día.
— ¡Ya estoy! — anunció su padre, mientras salía de la ducha envuelto en una toalla. Con la sorpresa, había descuidado a su padre en la ducha. — ¿Chloe? ¡¿qué hacés revisando mis cosas?! — le preguntó, de una forma firme y severa. Chloe estaba a punto de retroceder, pero:
— ¿Por qué no me explicás qué es esto? — le preguntó, poniéndose firme.
— Hija… — parecía como si sus palabras no podían salir lógicamente.
— ¿Qué es todo esto?… — le volvió a preguntar. Esta vez, y sin darse cuenta, lágrimas cayeron. No supo por qué.
Su padre, al verla, sonrió; no de felicidad o de tristeza, sino de satisfacción: su plan estaba yendo en una buena dirección. — Hija… — comenzó a hablar, y le dijo todo lo que ella tenía que saber; aunque no era todo lo que escondía.


Participación Especial:

Drew Roy es Compañero de Clases #1

SCP y su autor:

SCP-ES-028 - ¡Ortografía y Gramática Divertidas del Dr. Wondertainment! por Saito Okami

— Ah, sí… — asintió, mientras hablaba por teléfono. Envuelta en una total oscuridad, charlaba tranquilamente con un receptor desconocido. — Él lo dejó a propósito; quería que se enterase lo más rápido posible, ya sabés… — dijo, mientras alzaba su mano torpemente para agarrar una galleta de chocolate y llevársela a la boca, — ¿me preguntas "por qué"?… Hm… — después de escuchar lo que la persona detrás de la línea había dicho, guardó silencio para ponerse a pensar. Cuando finalmente encontró respuesta: — su objetivo era ese; de este modo, ella entraría rápidamente a la fundación y no tendría que estar esperando — explicó, — ya deberías saberlo: están en problemas… — agregó. Finalmente, cortó la llamada. Observó por la ventana, sonriendo; lo que pronto iba a ocurrir le llenaba de felicidad. — ¡Esto será divertido! — exclamó, emocionada.

Si no se indica lo contrario, el contenido de esta página se ofrece bajo Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 License